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El lugar donde el patrimonio inmaterial se hace realidad

Con 19 años de existencia, el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares (Alotp) es un referente en investigación y recopilación del patrimonio inmaterial chileno, contando entre sus logros el reposicionamiento de la cultura popular en un Chile que buscaba (y busca) su memoria.

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Es uno de los archivos más recientes de la Biblioteca Nacional. Nacido en 1992, sus colecciones comenzaron a gestarse mucho antes. Fue Micaela Navarrete quien, desde el Departamento de Extensión Cultural de la misma Biblioteca, durante años salió a terreno para registrar actividades, invitó a cultores de lo popular, asistió a ceremonias típicas y generó una red de personas y agrupaciones que permitieron formar el núcleo central de la colección.

Hace casi dos años Soledad Abarca pasó a ser la jefa del Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares. Micaela, una investigadora infatigable, tras jubilar fue nombrada 'curadora emérita', mientras que Javier Díaz ocupa la tercera pieza de un equipo pequeño, pero que impresiona cuando se contabilizan las actividades que realiza al año. Y he ahí lo peculiar del Archivo, su fin último no está en preservar libros (que de todos modos cuida y acopia), sino en realizar acciones de salvataje en torno al patrimonio inmaterial.

Soledad lo ejemplifica: "una iglesia puede ser patrimonial por el edificio, por ser un bien inmueble, pero a la larga esa iglesia es patrimonio también por lo que sucede dentro de ella, la fe, el rito, lo que congrega a la gente, lo que significa para ellos y que no necesariamente está escrito, sino que sucede y se transmite, eso es lo que da valor en el largo plazo a un edificio y eso es lo que se ha denominado patrimonio inmaterial".

En la práctica eso se puede ver reflejado en infinitas temáticas locales. "No basta con decir que un tipo de artesanía es artesanía y es patrimonial, en el caso del patrimonio inmaterial es algo que está completamente vivo", aclara. "Es el caso de Rari, por ejemplo. Junto con el crin de caballo, las artesanas usaban una fibra que la deforestación del área extinguió, pero la fuerza de la comunidad transmitió ese conocimiento y permitió que ellas encontraran otra fibra que hoy importan manteniendo la tradición", explica, mencionando además otras fiestas como la de Cuasimodo o el Nazareno de Caguach y las animitas.

Finalmente fue un 14 de junio de 1993 -para la fiesta de San Juan- que el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares se inauguró. Ahí estaban los años de trabajo en terreno y entrevistas realizadas por Micaela Navarrete, una importante donación de registros sonoros y cuadernos de campesinas recopilado por Patricia Chavarría, otra de Carlos Martínez, investigador de cultura tradicional, y un archivo sonoro del padre Samuel Jofré de Curanipe. Todo reunido en un solo lugar con el fin de rescatar, registrar y difundir el patrimonio oral, en plena sintonía con la Convención del Patrimonio Inmaterial de la Unesco.

Lo inmaterial como colección

"Las colecciones más fuertes y únicas son nuestro registro sonoro y audiovisual de muchísimas fiestas populares, entrevistas a cultores campesinos y a poetas populares" afirma Soledad Abarca, quien se encuentra trabajando en un proyecto de la Universidad de Harvard para digitalizar gran parte de ese material. "Hay casi 8 mil piezas de audio digitalizadas, estamos trabajando en catalogarlos y ponerlos a disposición de nuestros usuarios", informa.

Otra de las colecciones clave que tiene el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares es la Lira Popular. Redescubierta y puesta nuevamente en valor en nuestro país, el año pasado pudo celebrar su inclusión en el programa regional "Memoria del Mundo" de la Unesco: "Postulamos, hicimos un expediente a propósito de una investigación con las liras de la Biblioteca Nacional y firmamos un convenio de colaboración con la Universidad de Chile para su investigación, pues ellos tienen otros 800 pliegos", explica.

Pero ese sólo ha sido el primer paso, ya que el organismo les recomendó postular la Lira Popular a la lista mundial, donde hasta hoy se encuentran el archivo de los derechos humanos y el de los jesuitas en Chile. "Es muy importante porque se trata de un conjunto único. Si bien en otras partes de Iberoamérica hay literatura de cordel, en este caso es una expresión de la oralidad muy original: son décimas escritas e impresas que se transmitieron oralmente porque la gente se los aprendía y los recitaba, completando un ciclo. De hecho, poetas como Domingo Pontigo aprendieron a leer y a hacer décimas con la Lira Popular", explica.

Otro tesoro que se encuentra en el Alotp son los archivos de Rodolfo Lenz. Figura clave para el rescate de la Lira Popular (su colección junto a la Alamiro de Ávila componen los aproximadamente 700 pliegos que tiene el archivo), llegó al país a finales del siglo XIX. De formación lingüista, se aproximó a la cultura popular por su interés en el idioma: "Se paseaba por las chinganas, el matadero y Estación Central anotando, escuchando palabras y formas de pronunciar, las que fue sistematizando en diccionarios" apunta Soledad.

"A finales del 2008 la Biblioteca compró una cantidad importante de documentos de Lenz, donde venían hasta pedazos de servilletas y tarjetas con anotaciones, además de manuscritos. En este ir y venir encontró la Lira Popular, la que vendían en las estaciones y en los mercados a viva voz. Él alcanzó a coleccionar unos 300 pliegos que actualmente son una colección y además conoció a poetas que hacían sus propios diseños, a quienes les compró los tacos de madera con que imprimían las xilografías", afirma Soledad con emoción frente al legado de uno de los autores clave del archivo y conservador pretérito del patrimonio inmaterial de Chile.

Uno de los últimos tesoros que llegaron al Alotp viene de un autor a estas alturas fundamental: "Adquirimos los manuscritos de Roberto Parra, cuadernos con versiones de 'El Desquite', de cuecas inéditas, de la 'Negra Ester´. Roberto Parra fue un tremendo creador popular que si bien es conocido, su obra no lo es tanto", manifiesta, agregando que "tenemos la suerte que Catalina Rojas, su viuda, es muy cercana al archivo, por lo que hemos ido transcribiendo material y ella nos ha ido contando acerca de Roberto Parra. Entonces no es solo material primario, además tenemos información de una fuente muy cercana", arguye.

Ya han pasado 19 años desde el nacimiento del Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares. Años coleccionado cuentos y relatos de todo el país, grabando fiestas, entrevistando cultores y poetas campesinos, revisitando la cueca centrina, retomando la gastronomía, organizando seminarios acerca de las animitas y recibiendo a investigadores y cultores del patrimonio inmaterial. "La gracia del archivo es que no sólo está compuesta de colecciones, sino que mucha de la gente que llega acá son el patrimonio vivo", afirma Soledad, satisfecha de lo logrado en tan corta historia. "Este archivo ha sido una punta de lanza a nivel nacional, ha despertado interés en las temáticas, ha investigado y revalorizado del patrimonio inmaterial. Acá nació un impulso que ha llegado muy lejos y sigue", concluye Soledad Abarca, desde un tercer piso de la Biblioteca Nacional de Chile, un lugar donde el patrimonio inmaterial al fin, se hizo realidad.